“La depresión invisible no siempre llega con llanto, ni se anuncia con palabras claras. A veces se disfraza de silencio cuando nos alejamos de alguien que aún vive. O del vacío que nos queda cuando nos despedimos a esa mascota que nos enseñó a amar sin condiciones. Se asoma cuando aceptamos un diagnóstico que no pedimos, o cuando renunciamos a un trabajo que era más que ingresos: era identidad. También aparece cuando comprendemos que hay versiones de nosotro/as mismo/as que ya no volverán… y sentimos el duelo de quien se despide de su propio reflejo.
Incluso existe ese dolor oculto de un embarazo que no fue, del que nadie supo, pero tú sí. Y eso basta. Porque el cuerpo recuerda lo que el mundo no nombra.
Ese dolor del cual muchas veces no se habla, pero se siente.
Esta tristeza no siempre tiene nombre ni permiso. Pero merece acompañamiento. Merece ser escuchada con respeto, sin juicio y con espacio. Si lo necesitas, si lo deseas, estoy aquí para caminar ese proceso desde la empatía y la ciencia. Porque sanar empieza en el momento en que decides no hacerlo sola/a.
Escríbeme, y con gusto te acompaño.

